- En entrevista exclusiva con Máximo Allende para Subjetivo, el ministro Arístides Guerrero defendió la legitimidad de la nueva Suprema Corte, respondió a las críticas contra sus integrantes y aclaró que el debate judicial nunca fue crear un impuesto a las herencias, sino proteger los ahorros de AFORE de las personas trabajadoras.
La nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación llegó bajo una lupa que no concede tregua. Desde su elección, sus integrantes han enfrentado cuestionamientos por el proceso electoral, su preparación técnica, sus asesores, sus salarios y hasta por episodios que poco tienen que ver con el fondo de sus sentencias.
En medio de ese escenario, el ministro Arístides Guerrero recibió a Máximo Allende en la sede de la Corte para hablar sin rodeos sobre la transformación del Poder Judicial, la eliminación de privilegios y la polémica fiscal que colocó a las herencias en el centro de una discusión que, según explicó, nació de una lectura equivocada.

La legitimidad de la nueva Suprema Corte
Máximo Allende: Hay quienes dicen que las resoluciones de los nuevos juzgadores y de la Suprema Corte carecen de legitimidad porque son producto de una llamada “Corte del acordeón”. ¿Qué respondería?
Arístides Guerrero: En primer lugar, hubo una reforma constitucional como ha habido diversas reformas a lo largo de la historia. A partir de ella se modificó la forma de designar a los integrantes del Tribunal Constitucional y del propio Poder Judicial.
Es un nuevo modelo que emana de un proceso constituyente legitimado para reformar la Constitución. Nuestra Constitución es rígida: para reformarla se necesitan dos terceras partes de la Cámara de Diputados, dos terceras partes del Senado y la aprobación de más de la mitad de las legislaturas estatales.
Ese procedimiento se cumplió y, a partir de la reforma, se establecieron nuevas reglas para designar a quienes integramos el Tribunal Constitucional.
Máximo Allende: Entonces, ¿las decisiones de los juzgadores elegidos mediante este nuevo modelo sí cuentan con legitimidad?
Arístides Guerrero: Emanan completamente del texto constitucional y, derivado de ello, cuentan con legitimidad.
También se ha construido una falsa narrativa alrededor de la designación de las ministras y los ministros. Antes existía un modelo en el que el Ejecutivo presentaba una terna y el Senado elegía a una de esas tres personas. Ese sí era un modelo en el que el Ejecutivo decidía quiénes podían llegar.
En nuestro caso hubo distintas etapas. Cerca de 900 personas se inscribieron para integrar la Corte. Después se aplicaron requisitos académicos, filtros de idoneidad, comités de selección y entrevistas públicas que, en realidad, funcionaron como exámenes.
Posteriormente vino la insaculación y, finalmente, la elección popular. No fue que 900 personas llegaran directamente a una tómbola. Antes hubo filtros para determinar quién cumplía los requisitos constitucionales y quién contaba con la experiencia necesaria.
Máximo Allende: Aun con ese proceso, los grandes medios insisten en que la nueva Corte carece de legitimidad y preparación. Se habla de los zapatos de un ministro, del uso de inteligencia artificial o de presuntos plagios. ¿Existe una ofensiva mediática contra la Suprema Corte?
Arístides Guerrero: Creo completamente en la libertad de expresión. Incluso existe un criterio jurisprudencial que señala que las personas servidoras públicas debemos tener un margen de tolerancia más amplio frente a la crítica.
Bienvenida la crítica y bienvenida la libertad de expresión. Lo importante es que se comunique de manera completa lo que está ocurriendo, porque muchas veces se toma un fragmento de una sesión y no se presenta el debate completo.
Hoy puede resultar más viral un video corto donde hay una equivocación que explicar el fondo de una discusión constitucional. El problema es que, cuando se elimina el contexto, también puede generarse desinformación.
Máximo Allende: ¿Ese tipo de polémicas termina distrayendo el trabajo de la Corte?
Arístides Guerrero: De pronto nos distraemos debatiendo un tema de zapatos cuando deberíamos estar discutiendo las resoluciones de fondo.
Los medios y las redes sociales tienen una enorme capacidad para dirigir la conversación pública. Por eso resulta importante que la ciudadanía conozca qué se discutió realmente y cuál fue el contexto completo de cada resolución.
Máximo Allende: ¿Rechaza la idea de que esta nueva Suprema Corte no tiene solvencia técnica?
Arístides Guerrero: Eso se va a juzgar con el tiempo y a través de las sentencias que vayamos dando a conocer.
Después de la elección ya había personas afirmando que la reforma judicial había fracasado, cuando ni siquiera habíamos rendido protesta. Se estaba prejuzgando.
Invitaría a todas y a todos a que nos evalúen por nuestras sentencias y por los criterios que estamos emitiendo. En la medida en que una resolución logre cambiar la realidad de un sector de la población, eso es lo que debería juzgarse.
Menos privilegios y mayor escrutinio público
Máximo Allende: Uno de los señalamientos más frecuentes contra la nueva Corte tiene que ver con el número de asesores. ¿Cuántos tiene usted?
Arístides Guerrero: Tengo tres asesores. Además, existe una ponencia conformada por secretarios de Estudio y Cuenta, secretarios adjuntos, secretarios auxiliares y personal operativo. Ese es el equipo que trabaja en la elaboración de las sentencias.
Se ha querido presentar a todo el personal de una ponencia como si fueran asesores personales del ministro. Eso no corresponde con la realidad.
En mi caso, la ponencia que me correspondió era anteriormente la de la ministra Margarita Ríos-Farjat. Decidimos conservar entre 85 y 90 por ciento del personal porque se trata de personas con conocimiento técnico, experiencia y capacidad.
También se dijo que con la reforma se había despedido prácticamente a todo el personal especializado para sustituirlo por gente sin experiencia. En nuestra ponencia ocurrió lo contrario: se mantuvo a la mayor parte del equipo.
Máximo Allende: ¿También permanecieron los seguros privados, las camionetas y los privilegios que tenían anteriormente los ministros?
Arístides Guerrero: Los seguros privados pagados con recursos públicos se eliminaron completamente.
Yo tengo un seguro privado, pero lo pago con mi propio dinero y lo he tenido desde hace más de diez años. No se carga al erario público.
También se cumplió el mandato constitucional que establece que ninguna persona servidora pública puede ganar más que la titular del Ejecutivo.
Máximo Allende: ¿Cuánto gana actualmente?
Arístides Guerrero: Alrededor de 120 mil pesos. Menos que la Presidenta de la República.
Máximo Allende: Esa regla ya existía, pero antes varias personas servidoras públicas no la cumplían.
Arístides Guerrero: Hubo personas que presentaron amparos para continuar ganando más que el titular del Ejecutivo. Entre ellas estuvieron integrantes de otros órganos constitucionales.
En el caso de las ministras y los ministros de esta Corte, cumplimos el mandato constitucional y ganamos menos que la Presidenta.
Máximo Allende: ¿Hay alguien dentro de la nueva Suprema Corte que pueda sentirse por encima de la ley?
Arístides Guerrero: Definitivamente no.
Todas las personas servidoras públicas tenemos un grado especial de responsabilidad. Hoy más que nunca las ministras y los ministros estamos frente al escrutinio público.
Tenemos derecho a una vida privada, como cualquier persona, pero también contamos con un deber reforzado de transparencia.
El Tribunal de Disciplina y el combate a la corrupción judicial
Máximo Allende: ¿Para qué sirve el nuevo Tribunal de Disciplina Judicial?
Arístides Guerrero: Su finalidad es sancionar a las personas juzgadoras que pudieran cometer actos de corrupción o incurrir en conductas indebidas.
Es una institución que se encuentra en proceso de implementación. El tiempo y las estadísticas permitirán conocer qué tan eficiente resultó la sustitución del Consejo de la Judicatura por este nuevo modelo.
Máximo Allende: Hasta ahora no hemos visto casos emblemáticos de jueces, magistrados o ministros procesados por corrupción. ¿Será que estos procedimientos son demasiado tardados?
Arístides Guerrero: Esa es una pregunta que correspondería responder directamente a las y los integrantes del Tribunal de Disciplina, porque son quienes están poniendo en marcha la nueva institución.
Lo positivo es que hoy todas las personas juzgadoras estamos bajo la lupa. Eso implica un compromiso mayor con la sociedad, especialmente porque fue la ciudadanía la que votó por quienes integramos el nuevo Poder Judicial.
Máximo Allende: Nuestra audiencia también preguntó si existen procesos judiciales abiertos en la Suprema Corte contra expresidentes como Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón o Vicente Fox.
Arístides Guerrero: En este momento no tenemos ningún asunto de ese tipo en la Corte.
Además, por respeto al debido proceso y a las garantías judiciales, únicamente puede hablarse de un caso concreto cuando ya se encuentra dentro de la competencia del tribunal y en condiciones de ser analizado.
La Corte no discutía crear un impuesto a las herencias
Máximo Allende: Pasemos a la polémica de las últimas semanas. Se ha señalado que la Suprema Corte pretende gravar las herencias. ¿La Corte puede decidir algo así?
Arístides Guerrero: Hay una falsa narrativa construida en torno a la idea de que la Corte puede determinar que se graven las herencias.
Este caso sirve para explicar las funciones de cada poder. El Poder Legislativo crea las normas. El Poder Judicial interpreta esas normas y las contrasta con la Constitución.
La Suprema Corte no puede crear un impuesto.
Máximo Allende: ¿La ley es clara sobre las herencias?
Arístides Guerrero: La ley es clara. El artículo 93, fracción XXII, de la Ley del Impuesto sobre la Renta establece que los ingresos recibidos por herencia o legado están exentos.
Esa decisión existe en nuestro sistema jurídico desde 1961. Por eso las herencias se encuentran fuera del debate que se estaba desarrollando en la Corte.
Máximo Allende: ¿Por qué México decidió no cobrar impuestos sobre las herencias?
Arístides Guerrero: La razón fue evitar una doble tributación.
Cuando una persona compra un bien mueble o inmueble ya paga impuestos. Si posteriormente se gravara la transmisión de ese mismo bien a sus familiares, se estaría cobrando nuevamente sobre un patrimonio por el que ya se pagaron contribuciones.
Hay países que sí cobran impuestos a las herencias y otros que no. Suecia, Noruega, Australia, Canadá y Portugal, por ejemplo, no gravan las transmisiones a herederos directos. Japón, Corea del Sur, Francia y Estados Unidos sí aplican determinadas tasas.
México tomó la decisión de mantenerlas exentas y la Corte no estaba discutiendo modificar esa política.
Máximo Allende: Hay quienes han querido presentar el asunto como una lucha entre ricos y pobres: que quienes más tienen son quienes heredan y, por lo tanto, deberían pagar.
Arístides Guerrero: Ese no era el asunto que analizábamos.
La discusión real surgió por los recursos de las AFORE que recibe una persona beneficiaria después del fallecimiento de una trabajadora o un trabajador.
El debate real: proteger el ahorro de las AFORE
Máximo Allende: Entonces, ¿qué estaba resolviendo la Suprema Corte?
Arístides Guerrero: Existía una contradicción de criterios entre dos tribunales colegiados.
Un tribunal señaló que los recursos provenientes de una AFORE entregados a la persona beneficiaria debían equipararse a una herencia o legado y, por lo tanto, quedar exentos del Impuesto sobre la Renta.
Otro tribunal sostuvo lo contrario: que esos recursos no podían equipararse a una herencia y que debían pagar el impuesto.
Cuando dos tribunales resuelven de manera distinta el mismo problema jurídico, existe una contradicción de criterios. La Suprema Corte es la encargada de definir cuál interpretación debe prevalecer.
Máximo Allende: ¿Cuál fue la postura mayoritaria durante la discusión?
Arístides Guerrero: Una mayoría consideramos que los recursos que una persona trabajadora ahorró durante toda su vida laboral sí deben equipararse a una herencia o legado.
Las AFORE representan el ahorro generado por una trabajadora o un trabajador a lo largo de muchos años. Gravar esos recursos afectaría principalmente a las familias trabajadoras y a la clase media.
No es una lucha entre ricos y pobres. Es el ahorro de personas que trabajaron durante toda su vida.
Máximo Allende: ¿El criterio ya quedó aprobado?
Arístides Guerrero: Al momento de esta conversación todavía no concluía formalmente la votación. Durante el debate público pudo advertirse la posición de una mayoría, pero aún debía terminar el procedimiento dentro de la Corte.
Lo importante es distinguir ambos asuntos: las herencias están completamente fuera de la ecuación. Lo que analizábamos era el tratamiento fiscal del ahorro de las AFORE entregado a las personas beneficiarias.
Máximo Allende: ¿El Congreso podría reformar la ley para comenzar a gravar las herencias?
Arístides Guerrero: Mi postura es clara: una reforma de esa naturaleza atentaría contra el principio de progresividad establecido en el artículo primero de la Constitución.
Cuando existe el reconocimiento de un derecho, no podemos retroceder. Una persona afectada podría combatir esa reforma mediante el juicio de amparo, alegando una vulneración al principio de progresividad.
Ese principio también protege otros derechos. No podría aprobarse una reforma para prohibir nuevamente los matrimonios entre personas del mismo sexo o para imponer requisitos adicionales al derecho al voto. En materia de derechos humanos no podemos ir hacia atrás.
Una Corte enfocada en la justicia humanista
Máximo Allende: ¿Le ve buen futuro a la reforma judicial o considera que será necesario modificarla nuevamente?
Arístides Guerrero: Toda reforma es perfectible. Siempre habrá aspectos que puedan mejorarse.
Pero esta reforma abrió una ventana de oportunidad para lograr mayor transparencia. Hoy estamos bajo la mirada de la sociedad y ejercicios como esta entrevista ayudan a que la ciudadanía conozca directamente qué estamos haciendo.
La Corte se divide históricamente en épocas y hoy nos encontramos en la Duodécima Época. Mi aspiración es que esta sea la época de la justicia humanista.
Máximo Allende: ¿Qué significa una justicia humanista?
Arístides Guerrero: Que no lleguen a la Corte únicamente los casos relacionados con intereses económicos o fiscales, sino aquellos asuntos que verdaderamente puedan cambiar la realidad de un grupo social.
Por ejemplo, resolvimos un amparo para garantizar el derecho al agua de una comunidad asentada desde hace décadas en Chihuahua. También analizamos el derecho a la identidad y al nombre de una persona rarámuri que no podía obtener un acta de nacimiento por las condiciones y costumbres de su comunidad.
Hemos abordado los discursos de odio contra la comunidad LGBTQ+ y discutido una interpretación más amplia del concepto de familia.
Muchas veces una persona es criada por su tía, por su abuelo o por su abuela. La justicia no puede ignorar esos vínculos únicamente porque no encajan en una visión formalista de la familia.
Aspiramos a construir una justicia para comunidades indígenas, personas con discapacidad, madres solteras y sectores que históricamente han permanecido lejos de los tribunales.
“No me siento juveneado”
Máximo Allende: Usted es el integrante más joven de la nueva Corte. En la política, los medios y otros espacios de poder existe una práctica que podríamos llamar “juveneo”: asumir que una persona, por ser joven, carece de experiencia y apenas llega a aprender. ¿Se ha sentido así dentro de la Corte?
Arístides Guerrero: Definitivamente no.
Soy el ministro que llegó a una edad más temprana durante el siglo XXI, pero he acumulado experiencia a lo largo de mi trayectoria.
Fui secretario auxiliar, secretario de Estudio y Cuenta, integré y presidí el Instituto de Transparencia de la Ciudad de México, fui director de Jurisprudencia y Estadística y también trabajé dentro del Tribunal Electoral.
Esa experiencia se verá reflejada en nuestras sentencias, nuestros criterios y los debates del Pleno.
Máximo Allende: ¿No se siente “juveneado” por sus contrapartes?
Arístides Guerrero: No. Al contrario, creo que las juventudes nos enseñan mucho.
Soy profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM desde hace más de doce años. La docencia me permite conocer las nuevas realidades que viven las juventudes y también me obliga a actualizarme.
El abogado que deja de estudiar un día, cada día es menos abogado. En esta Corte estudiamos constantemente nuevos criterios para ofrecer lo mejor a la justicia constitucional del país.
Una Suprema Corte de puertas abiertas
Al finalizar la conversación, el ministro Arístides Guerrero invitó a la audiencia de Subjetivo a visitar la Suprema Corte, conocer sus murales y presenciar las sesiones públicas.
Arístides Guerrero: Es una Corte de puertas abiertas. Queremos que las sesiones estén llenas de estudiantes y de cualquier persona que desee conocer sus instalaciones.
Todas y todos son bienvenidos. La ciudadanía tiene derecho a conocer la Suprema Corte y saber qué decisiones se toman dentro de ella.
La nueva integración todavía deberá probar su alcance con resultados. El propio Guerrero lo reconoció: la legitimidad constitucional no basta si las sentencias no logran transformar la vida de las personas.
La primera batalla, sin embargo, ya se libra en el terreno de la información. Mientras algunos convirtieron un debate sobre el ahorro de trabajadores fallecidos en una supuesta ofensiva fiscal contra las herencias, el ministro puso la diferencia sobre la mesa: la Corte no estaba buscando cobrar un nuevo impuesto, sino evitar que el fisco metiera mano al patrimonio construido durante toda una vida laboral.





