- La Marea Rosa anda de fiesta: dice que cumplió 200 asambleas distritales y que va derechito a ser partido. Pero la pregunta real es otra: ¿Somos MX avanza… o es puro “Movimiento Cucaracho” corriendo entre las ruinas de la oposición?
Somos México (Somos MX), la marca electoral de la Marea Rosa, anunció que ya completó las 200 asambleas distritales que exige el INE para iniciar el proceso de registro como partido político nacional rumbo a 2027. El movimiento lo celebró como si ya tuvieran garantizada una boleta.
En un evento en Tlalpan, la dirigencia presumió la Asamblea 200, instalada bajo la coordinación de Ramón Sosamontes, y otras dos en Coahuila y Michoacán. A la pasarela acudieron personajes reciclados de la política tradicional: Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto, Acosta Naranjo, Edmundo Jacobo y Fernando Belaunzarán, todos convertidos en voceros de este nuevo intento opositor.
¿Partido o rebranding desesperado?
Aunque la organización insiste en que su fuerza proviene de la “participación ciudadana” y del ímpetu de jóvenes “defensores de la democracia”, la realidad operativa es menos épica: Somos MX reporta 140 mil afiliaciones, cuando el INE les exige 256 mil para obtener el registro. Están apenas a la mitad y el tiempo corre.
Por eso, diciembre, enero y febrero serán meses clave. Sin ese salto, todo su show rosa se quedará en eso: show.
El mote que les incomoda: “Movimiento Cucaracho”
En redes, activistas de izquierda han bautizado al bloque como el “Movimiento Cucaracho”:
una mezcla de ex panistas, ex perredistas, opinadores empresariales y figuras mediáticas que buscan sobrevivir políticamente después de tres derrotas consecutivas ante el obradorismo.
No importa cuántas veces se rebrandéen como “ciudadanos”:
las mismas caras, los mismos discursos clasistas y la misma incapacidad de construir base territorial siguen ahí.
Un movimiento que se vende como nuevo, pero huele a viejo PRIAN
Detrás de las banderas rosas hay operadores que vienen del PRD, del PAN, de organizaciones patronales y de think tanks conservadores. Todo bajo la narrativa del “antipopulismo”, que ya fracasó en 2018, 2021 y 2024.
La estrategia es clara:
– Reempacar la oposición tradicional bajo un color nuevo.
– Victimizarse como “resistencia democrática”.
– Intentar conectar con jóvenes, aunque sus liderazgos son los mismos de siempre.
