- La ofensiva de Marx Arriaga contra la Secretaría de Educación Pública ya no es solo un diferendo interno: implica un abierto menosprecio a la política educativa del gobierno de Claudia Sheinbaum y un llamado a la insubordinación institucional desde el aparato del Estado.
Que este discurso haya sido amplificado por Reforma llevó a una coincidencia políticamente explosiva que Eurípides Flores, Abogado de la SEP, resumió así: “los extremos se tocan”.
Desconocer a la Presidenta desde el gobierno
En términos políticos, eso significa desconocer la conducción del Segundo Piso de la 4T, cuya jefa es Claudia Sheinbaum, y desautorizar la política educativa que emana de su gobierno.
Arriaga acusa que la SEP “abandonó el obradorismo” y plantea la necesidad de “refundar” la Secretaría, crear “comités insurgentes” y operar como “contrapesos reales” frente a las autoridades educativas.
Cuando un alto funcionario llama a la insubordinación
Arriaga no es un académico externo ni un activista social.
Es director de Materiales Educativos de la SEP, con un salario —según Reforma— de 162 mil 888 pesos brutos mensuales (113 mil 207 netos).
Desde esa posición:
Convoca a “agitación”. Llama a organizarse contra su propia institución. Promueve estructuras paralelas dentro del Estado.
En cualquier democracia funcional, eso se define como insubordinación política.
No es debate: es ruptura institucional.
Una narrativa que erosiona al Estado
Al plantear que la SEP está capturada, infiltrada o traicionando el proyecto transformador, Arriaga abona a una narrativa que intenta debilitar al gobierno de Sheinbaum y socavar la legitimidad de las políticas públicas en educación.
