- Foundation Future Industries desarrolla robots humanoides para fábricas, tareas logísticas y futuras operaciones militares. Su director asegura que estaría dispuesto a armarlos si el Pentágono lo solicita.
La empresa cuenta con Eric Trump, hijo del presidente de Estados Unidos, como inversionista y asesor estratégico, mientras crecen las alertas por la falta de reglas internacionales para controlar estas tecnologías.
La empresa estadounidense Foundation Future Industries desarrolla a Phantom, un robot humanoide diseñado para trabajar en entornos industriales, pero también para ejecutar tareas militares de logística, reconocimiento e inspección.
Sankaet Pathak, cofundador y director ejecutivo de la compañía, reconoció a The Independent que actualmente nadie les ha pedido colocar armas en sus robots. Sin embargo, aseguró que aceptarían hacerlo si las Fuerzas Armadas estadounidenses lo solicitaran para realizar operaciones de mayor precisión.
Por ahora, Foundation afirma que sus máquinas pueden transportar materiales, explorar edificios, identificar obstáculos y elaborar mapas antes del ingreso de soldados. La empresa también sostiene que probó unidades Phantom MK1 con fuerzas ucranianas, aunque no ha presentado públicamente una evaluación independiente de los resultados.
Así es Phantom, el robot de Foundation
El Phantom mide 1.8 metros, pesa alrededor de 80 kilogramos y puede transportar una carga de hasta 40 kilos, según las especificaciones publicadas por la propia compañía.
El modelo cuenta con 29 grados de movimiento y alcanza una velocidad de 1.7 metros por segundo, equivalente a poco más de seis kilómetros por hora. Foundation lo presenta como una máquina capaz de integrarse a fábricas, centros logísticos y ambientes vinculados con la defensa.
El humanoide utiliza inteligencia artificial y cámaras colocadas en la cabeza para percibir su entorno. Puede operar mediante sistemas incorporados de autonomía o recibir instrucciones de una persona a distancia.
Foundation trabaja además en una segunda generación, denominada Phantom MK2, que buscará mejorar la resistencia al agua y al polvo. La empresa también explora sistemas que ampliarían sus capacidades militares, aunque no ha detallado qué armamento pretende instalar.
Eric Trump invirtió y se convirtió en asesor
Eric Trump participa en Foundation como inversionista y asesor estratégico. La compañía no ha revelado el monto de su inversión y asegura que el hijo del mandatario estadounidense no recibe salario ni interviene en las decisiones cotidianas.
Tanto Foundation como la Casa Blanca negaron que la relación familiar con el presidente Donald Trump haya otorgado alguna ventaja a la empresa para acceder a negocios gubernamentales. Un portavoz de Eric Trump sostuvo que existe una separación estricta entre sus inversiones y la administración federal.
La compañía afirma tener acuerdos relacionados con la defensa por un valor estimado de 24 millones de dólares para probar sus tecnologías con distintas ramas militares. Sin embargo, Foundation rechazó confirmar el monto exacto.
Una investigación de WIRED encontró que parte de esos proyectos fueron heredados tras la adquisición de Boardwalk Robotics y otros llegaron mediante colaboraciones con el Institute for Human and Machine Cognition. El medio no encontró evidencia de que Foundation haya ganado por sí misma un nuevo contrato de 24 millones de dólares.
Legisladores exigen investigar posibles conflictos
La cercanía entre la familia presidencial y empresas contratistas del Pentágono generó cuestionamientos en el Congreso estadounidense.
El representante demócrata Robert García solicitó al inspector general del Departamento de Defensa investigar posibles conflictos de interés. En su petición señaló que Foundation emplea a Eric Trump como asesor estratégico mientras mantiene negocios vinculados con el Gobierno encabezado por su padre.
La carta sostuvo que las inversiones, consultorías y cargos de los hijos del presidente dentro de compañías del sector militar podrían mezclar los intereses financieros privados de la familia Trump con las decisiones de seguridad nacional. Se trata de una acusación política que deberá investigarse y no de una irregularidad demostrada judicialmente.
Foundation también mira hacia la frontera con México
Foundation aseguró que mantiene conversaciones con el Departamento de Seguridad Nacional para utilizar robots en labores de vigilancia en la frontera entre Estados Unidos y México.
Hasta ahora, el Gobierno estadounidense no ha confirmado algún contrato o plan de despliegue. La sola posibilidad, sin embargo, abre nuevas preguntas sobre el uso de máquinas autónomas en políticas migratorias marcadas por la militarización y la vigilancia masiva.
Pathak defiende el desarrollo de los robots militares con el argumento de que podrían reducir las bajas entre soldados y población civil. Según el empresario, Estados Unidos debe competir con China y Rusia, países que también exploran tecnologías autónomas para la guerra.
Expertos alertan sobre una carrera armamentista
Especialistas en derechos humanos advierten que los robots podrían realizar tareas humanitarias, como retirar explosivos o rescatar personas, pero alertan que su militarización avanza más rápido que las normas diseñadas para controlarla.
Verity Coyle, directiva de Human Rights Watch, señaló que aplicar la lógica tecnológica de avanzar rápidamente y corregir después podría causar consecuencias catastróficas cuando están en juego decisiones sobre la vida de seres humanos.
Entre los riesgos aparecen errores en la selección de objetivos, fallas en los sistemas de inteligencia artificial, pérdida de comunicación con los operadores y dificultades para establecer responsabilidades ante posibles violaciones al derecho internacional.
ONU exige mantener el control humano
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido prohibir mediante el derecho internacional los sistemas de armas letales capaces de seleccionar y atacar objetivos sin intervención humana.
El Comité Internacional de la Cruz Roja también reclama reglas jurídicamente vinculantes que prohíban los sistemas impredecibles y aquellos diseñados para atacar directamente a personas. Advierte que delegar decisiones de vida o muerte a sensores, programas y máquinas plantea graves problemas humanitarios, legales y éticos.
La política vigente del Departamento de Defensa estadounidense establece que los sistemas autónomos deben permitir que comandantes y operadores mantengan niveles apropiados de juicio humano sobre el uso de la fuerza. Pero el término “apropiado” deja un margen considerable para futuras interpretaciones militares.
La robótica puede retirar explosivos, cargar materiales y evitar que seres humanos entren a zonas mortales. El problema comienza cuando una empresa privada, respaldada por el hijo del presidente y vinculada con negocios militares, pretende decidir qué tan rápido debe cruzarse la línea entre una herramienta y un soldado.





