- La Presidenta Claudia Sheinbaum presentó la primera revisión científica del proyecto para aprovechar gas natural no convencional en México. El análisis no representa una autorización definitiva: descarta cualquier explotación en Tampico-Misantla y condiciona los estudios en otras regiones a la existencia de agua salada, la protección de los acuíferos y la consulta a las comunidades.
Durante la Mañanera del Pueblo de este jueves, Sheinbaum explicó que la investigación continuará y propuso que el grupo de especialistas permanezca como comité de asesoría para la planeación y la soberanía energética del país.
La Presidenta recibió las primeras conclusiones elaboradas por 54 personas científicas, tecnólogas y especialistas. El equipo se dividió en cuatro comisiones para estudiar la ingeniería de los yacimientos, el uso del agua, los impactos ambientales y sociales, así como la viabilidad económica y normativa.
Rosaura Ruiz Gutiérrez, secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, aclaró que el informe no constituye un punto final, sino el comienzo de una ruta permanente de análisis. Para construirlo, el comité dialogó con Pemex, las secretarías de Energía y Medio Ambiente, la Conagua y especialistas de Estados Unidos y Canadá.
El Gobierno federal había anunciado desde abril la creación de este comité para determinar, con evidencia científica, en qué lugares podría evaluarse el gas no convencional y dónde los riesgos ambientales vuelven inviable cualquier proyecto.
México importa 75% del gas que consume
Alma América Porres Luna, ingeniera geofísica y excomisionada de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, informó que México consumió durante 2025 alrededor de 9 mil 100 millones de pies cúbicos diarios de gas natural.
El 58% se destinó a la generación de electricidad, 19% al autoconsumo de Pemex, 12% a la industria y 11% a hogares y comercios. Además, cerca del 70% de la electricidad del país se produce actualmente con gas natural.
El principal problema radica en la dependencia externa: México importa 75% del gas que utiliza, principalmente desde Estados Unidos, mientras sólo 25% corresponde a producción nacional. Sin medidas para contener la demanda, el consumo podría aumentar hasta 10 mil 800 millones de pies cúbicos diarios en 2030.
La estrategia planteada por el comité no se limita a perforar nuevos pozos. Los especialistas recomendaron acelerar la incorporación de energías renovables, aplicar programas de eficiencia energética, aumentar la producción convencional y recuperar el gas que Pemex todavía quema en los campos petroleros.
De acuerdo con sus estimaciones, incrementar la extracción convencional y reducir la quema podría aportar hasta 2 mil 400 millones de pies cúbicos diarios adicionales en regiones como Burgos, Veracruz, Tampico-Misantla y las cuencas del sureste. Aun con ese volumen, México no alcanzaría por completo la soberanía energética.
Tampico-Misantla queda fuera del proyecto
La comisión estimó un recurso prospectivo de 141.5 billones de pies cúbicos de gas no convencional, concentrado principalmente en las cuencas de Burgos, Sabinas-Burro-Picachos y Tampico-Misantla.
Los especialistas subrayaron que se trata de un recurso prospectivo, no de reservas comprobadas. Por ello, todavía deben realizarse estudios geológicos y perforaciones científicas para determinar cuánto gas existe realmente y qué parte podría aprovecharse.
La recomendación más contundente fue prohibir la explotación de gas no convencional en Tampico-Misantla, debido a su biodiversidad, densidad poblacional y condiciones sociales y ambientales.
El comité consideró inviable desarrollar esta actividad en dicha cuenca, ubicada entre Veracruz y Tamaulipas. La decisión coloca un límite claro: tener potencial energético debajo del suelo no significa que deba explotarse a costa de las comunidades o los ecosistemas.
En cambio, el Gobierno podrá continuar con estudios preliminares en Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, que abarcan zonas de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Eso tampoco implica que la explotación haya recibido luz verde: cualquier avance dependerá primero de confirmar la presencia de gas y agua salada.
Sin agua salada, no habrá extracción
José Antonio Hernández Espriú, director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, explicó que un solo pozo de gas no convencional puede requerir entre 50 mil y 70 mil metros cúbicos de agua para fracturar las rocas de baja permeabilidad.
El comité recomendó prohibir el uso de agua dulce superficial o subterránea destinada al consumo humano, la agricultura o la ganadería. Sólo podría emplearse agua salada localizada a profundidades aproximadas de entre mil y mil 500 metros, siempre que se demuestre que no tiene conexión con los acuíferos de agua dulce.
Además, al menos 75% del agua utilizada tendría que tratarse, reciclarse y reutilizarse. Los proyectos también deberán contar con sistemas para prevenir derrames, manejar residuos y vigilar posibles alteraciones en la calidad del agua o la actividad sísmica.
IMTA realizará las primeras exploraciones
La Presidenta anunció que el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua comenzará la perforación de pozos científicos para buscar cuerpos profundos de agua salada en las regiones que permanecen bajo evaluación.
Después deberá confirmarse la existencia del gas, analizar la viabilidad económica y someter cualquier proyecto a consultas previas, libres e informadas con las comunidades ubicadas en las zonas de influencia.
El comité también recomendó utilizar tecnologías de última generación, fomentar la proveeduría y el empleo nacional, aplicar principios de economía circular y establecer un monitoreo externo e independiente sobre acuíferos, ecosistemas y actividad sísmica.
Sheinbaum aseguró que el Gobierno informará sobre los avances cada dos meses y medio, mientras los resultados y estudios deberán publicarse en las plataformas de la Semarnat, la Secretaría de Energía y la Secihti.
La presentación representa una primera revisión científica, no el arranque de una explotación comercial ni una autorización general para utilizar fracturamiento hidráulico.
Por ahora, Tampico-Misantla quedó descartada; Burgos y Sabinas-Burro-Picachos continuarán bajo investigación, y todo avance dependerá de comprobar agua salada, gas aprovechable, viabilidad económica, tecnología segura y aceptación de las comunidades.





