El dirigente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido como “Alito”, volvió a las andadas con su guion favorito: la victimización. Ahora presentó ante la Fiscalía General de la República (FGR) una denuncia penal contra el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, por supuestos delitos de “amenazas y lesiones”.
Sí, leyó bien: el mismo político acusado de corrupción, enriquecimiento ilícito y de construir una mansión de narco-novela en Campeche, ahora asegura ser víctima de agresiones por parte de Noroña.

La estrategia de la lástima
En su comunicado, Moreno acusa directamente a Noroña de intimidarlo y hasta recurrió a la Secretaría de Gobernación (SEGOB) para solicitar su incorporación al Mecanismo de Protección, alegando que él y varios legisladores priistas —Manuel Añorve, Rubén Moreira, Pablo Angulo, Erubiel Alonso y Carlos G. Mancilla— fueron amenazados.
El PRI intenta proyectar a su dirigente como un paladín de la democracia, cuando en realidad su partido cargó durante décadas con los peores escándalos de represión y persecución contra opositores. Hoy, el mismo aparato que calló voces disidentes finge ser perseguido político.

PRI en modo show político
En un mensaje difundido tras presentar la denuncia, “Alito” habló de “defender la democracia y la libertad” y de no permitir que se callen las voces opositoras. La ironía es evidente: el partido que persiguió a luchadores sociales, periodistas y opositores durante décadas, ahora se indigna porque alguien le levantó la voz a su dirigente.
