Abatir Racismo y Clasismo, pendiente de la transformación

Redaccion

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  • En México, el racismo y el clasismo no se castigan: se administran. Si no hay video, hashtag y linchamiento digital, casi nunca pasa nada. Y cuando sí pasa, el “precio” suele ser ridículo en ontraste con el daño social que normaliza.

1) Lo estructural: la “güeritocracia” medida en números

Viri Ríos lo baja a tierra con datos que explican por qué estos episodios “no son raros”, sino parte del paisaje:

54% de personas dice haber visto discriminación por tono de piel.

21% dice haber sido discriminada si es morena; y aun con dinero, la cosa no se borra: 17%.

En contraste, 7% reporta discriminación si es “blanco y con dinero”.

Y el dato más brutal por lo obvio: 48% de personas blancas cree que su tono de piel es una ventaja (mejor trato, entrar más rápido a antros, mejor servicio). 

Además, el propio libro marca el punto ciego nacional: solo 17% se identifica como “blanco”, pero en la vida pública pareciera que son mayoría. 

Ese “beneficio” también se traduce en dinero: evidencia académica en México encontró que personas en la categoría de piel más clara tienen 53% más ingresos por hora que sus contrapartes de piel más oscura (y además más escolaridad). 

2) 2025: Racismo que se hizo viral (y qué sanción tuvo)

Caso 1: Lady Racista (CDMX) — el ejemplo de “sí cuesta… poquito”

Fue el caso que concentró el “castigo” más tangible. Reportes periodísticos señalaron un pago de 97 mil pesos (multa / reparación del daño, según la cobertura), además de medidas como disculpa pública. 

Caso 2: Lady Combi (Edomex) — racismo y clasismo en transporte público

Se viralizó por insultos racistas/clasistas y agresiones en una combi en Ixtapaluca. Hubo indignación y cobertura, pero no hay un registro público claro de una sanción económica equivalente al “caso estrella”. 

3) 2025: Clasismo viral (y la “sanción” fue social, no institucional)

Caso 3: Lady Tamales (Guadalajara) — el desprecio al trabajo informal

El caso se volvió símbolo de clasismo: una mujer volcó un puesto de tamales tras un pleito por estacionamiento. Hubo disculpas posteriores y fuerte condena pública, pero en la cobertura no aparece una multa institucional clara (lo que sí aparece es el costo reputacional/laboral). 

Traducción: la sanción más común en México no es del Estado: es del algoritmo.

4) El punto central: en medios, la “güeritocracia” no es opinión, es casting

Aquí entra Hernán Gómez con bisturí: el racismo/clasismo en medios no solo se cuenta, se produce.

En un recuento sobre representación en TV y opinión pública, se documenta que:

La población de tez clara rondaría 12%, pero en televisión esa tez puede aparecer en niveles cercanos a 60% (y en algunos canales, todavía más). En opinión publicada, 61% de columnistas serían de tez blanca; en algunos diarios el porcentaje sube aún más.

Y eso engancha perfecto con el dato de Viri: si “blancos” son minoría poblacional (17%) pero dominan cámara y micrófono, entonces el medio no refleja al país: lo edita. 

5) “Ser racista cuesta menos de 100 mil”… y a veces cuesta $0

La cobertura de Lady Racista muestra el techo “realista” del castigo cuando el caso revienta: decenas de miles, no millones. 

Y el propio debate público exhibe un vacío: incluso cuando hay quejas, puede no existir un marco claro para sancionar a medios que difunden mensajes discriminatorios (por ejemplo, la polémica por propaganda antiinmigrante transmitida en TV, señalada como discriminatoria y con quejas ante Conapred). 

Si la transformación quiere ser transformación y no solo cambio de administración, tiene un pendiente clarísimo: abatir el racismo y el clasismo como estructura, no como escándalo. Eso incluye:

Sanciones que sí duelan (no simbólicas), y, sobre todo, medios que dejen de vender “neutralidad” mientras operan como filtro de color y clase.

Porque un país donde el racismo se castiga con menos de 100 mil pesos no está corrigiendo nada: está poniendo tarifa a la humillación.

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