- Un operativo del gobierno panista de Querétaro terminó en violencia contra artesanos indígenas que venden en el Centro Histórico. Inspectores municipales golpearon a comerciantes y uno incluso pateó la cabeza de un artesano ya sometido. No es un hecho aislado: la represión a pueblos originarios se volvió práctica sistemática en la administración de Felipe Macías.
El fin de semana, el Municipio de Querétaro —bajo el mando del alcalde panista Felipe Fernando Macías Olvera— desplegó un operativo de “ordenamiento” comercial contra artesanos indígenas que trabajan en el Centro Histórico. Lo que debió ser diálogo se convirtió en violencia.
Videos difundidos en redes muestran cómo inspectores municipales agreden a los trabajadores, entre ellos artesanos otomíes y nahuas. La escena más indignante: un inspector patea la cabeza de un artesano que ya se encontraba tirado y sometido. El ataque provocó furia ciudadana y denuncias de racismo institucional.
Historial de violencia contra pueblos originarios
La agresión no tomó por sorpresa a las comunidades indígenas que viven del comercio artesanal. Hace un año, otro operativo municipal terminó en golpes, decomisos arbitrarios y agresiones cometidas por inspectores. Aunque el Municipio habló entonces de “cinco inspectores lesionados”, organizaciones denunciaron que la violencia provino de la autoridad.
Los pueblos originarios han señalado en repetidas ocasiones que el gobierno panista busca expulsarlos del Centro Histórico bajo el argumento de “orden”, pero usando métodos intimidatorios y represivos.
El doble discurso del alcalde panista
Los operativos contra artesanos indígenas no construyen paz: construyen miedo. En Querétaro, el PAN convirtió los reglamentos en excusa para criminalizar tradiciones y oficios que han dado identidad cultural a la región.
Un operativo que desnudó el racismo institucional
Colectivos de artesanos denunciaron que la administración de Macías despliega operativos desproporcionados contra ellos, pero no contra comercios de élite que ocupan espacios públicos.
La represión no solo es violencia física: es violencia cultural. La ONU ha señalado que negar espacios de venta a pueblos originarios constituye una forma de discriminación estructural.
