La Independencia también la ganó el pueblo, no sólo los héroes

  • La historia suele resumir la Independencia de México en unos cuantos apellidos. Pero detrás de esos nombres hubo decenas de miles de indígenas, campesinos, mineros, rancheros, mestizos, afrodescendientes y mujeres que tomaron las armas, abastecieron tropas, transportaron mensajes y sostuvieron durante once años una guerra contra el régimen colonial.

La insurgencia mexicana tuvo una participación popular masiva. El INEHRM define la Guerra de Independencia como una “gran revolución popular”, mientras estudios de la UNAM señalan que las filas insurgentes estuvieron integradas mayoritariamente por campesinos y registraron una participación indígena muy elevada.

Miguel Hidalgo no salió de Dolores la mañana del 16 de septiembre de 1810 encabezando un enorme ejército.

La cronología del INEHRM registra que poco después del Grito partió rumbo a Atotonilco acompañado por más de 700 personas. Apenas cinco días después, al llegar a Celaya, los insurgentes ya superaban los 4 mil. El movimiento continuó creciendo rápidamente conforme atravesaba pueblos y ciudades del Bajío.

¿Quiénes engrosaron aquellas filas?

Principalmente sectores que ocupaban los escalones inferiores de la sociedad novohispana. El INEHRM identifica entre ellos a indígenas, afrodescendientes, mulatos, mestizos, campesinos, mineros y rancheros, además de hombres y mujeres de distintas regiones.

La historiadora Gisela von Wobeser, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, señala que actualmente se sabe que la mayoría de quienes integraron las tropas insurgentes eran campesinos y que la presencia indígena fue mucho mayor de lo que durante años sostuvo parte de la historiografía tradicional.

¿Por qué indígenas y campesinos se sumaron a la insurgencia?

La Nueva España estaba atravesada por fuertes desigualdades económicas, políticas y jurídicas.

La Secretaría de Cultura ha documentado que muchos trabajadores rurales del Bajío eran indígenas que laboraban fuera de comunidades protegidas por las leyes coloniales. Al mismo tiempo, quienes eran considerados españoles poseían privilegios jurídicos y políticos que no estaban disponibles para indígenas y grupos clasificados dentro del sistema de castas.

Por eso las causas de la rebelión no pueden reducirse únicamente al deseo de separarse políticamente de España.

Había también tributos, esclavitud, desigualdad jurídica, problemas de tierra y explotación económica que afectaban directamente a amplios sectores de la población. La Secretaría de Cultura identifica esos agravios como parte fundamental del carácter social que adquirió el levantamiento.

Cuando Hidalgo lanzó su llamado, esas inconformidades encontraron una vía para estallar.

Hidalgo también atacó privilegios del orden colonial

El carácter popular de la insurgencia comenzó a reflejarse rápidamente en decisiones políticas.

Durante 1810, Hidalgo promovió medidas para abolir la esclavitud y eliminar tributos que pesaban sobre las castas. El 29 de noviembre firmó en Guadalajara un bando que reiteró esas disposiciones y suprimió distintas cargas económicas.

El 5 de diciembre de 1810, Hidalgo ordenó que determinadas tierras fueran entregadas a los “naturales” para su cultivo, según la cronología documental del INEHRM.

Es decir, el movimiento comenzó como una rebelión política, pero muy pronto incorporó demandas que tocaban directamente la propiedad, los tributos, la esclavitud y la estructura social de la colonia.

Morelos convirtió esas demandas en un proyecto político

La muerte de Hidalgo en 1811 no acabó con esas aspiraciones.

José María Morelos retomó y profundizó parte de ellas. El movimiento que encabezó impulsó la abolición de la esclavitud, la desaparición de las castas y la eliminación de tributos.

En los Sentimientos de la Nación, presentados ante el Congreso de Chilpancingo en 1813, Morelos propuso que las leyes moderaran la enorme desigualdad social y mejoraran las condiciones de quienes vivían de su trabajo. El INEHRM considera que ese documento planteó explícitamente principios dirigidos a moderar las desigualdades sociales.

La Independencia, por tanto, ya no significaba solamente sustituir autoridades españolas.

Dentro de la insurgencia también existía un proyecto que cuestionaba algunos de los privilegios sociales heredados de la colonia.

También combatieron afrodescendientes y mestizos

Otro grupo frecuentemente reducido en las narraciones tradicionales es el de las poblaciones afrodescendientes.

Una investigación publicada por el INEHRM explica que los ejércitos insurgentes estuvieron compuestos en gran medida por personas indígenas, mestizas y mulatas, precisamente sectores que enfrentaban mayores restricciones económicas y sociales dentro del orden colonial.

La participación afrodescendiente además atravesó a figuras centrales del propio movimiento.

El INEHRM señala la presencia de importantes sectores indígenas y afrodescendientes durante el proceso que llevó a la caída del régimen político colonial, y destaca dentro de ese contexto a personajes como Morelos y Vicente Guerrero.

La guerra que dio origen a México fue, en ese sentido, mucho más diversa que el puñado de retratos que normalmente aparece en los libros escolares.

Después de Hidalgo y Morelos, el pueblo mantuvo viva la resistencia

La insurgencia atravesó uno de sus momentos más difíciles después del fusilamiento de Morelos en 1815.

El movimiento se fragmentó y perdió buena parte del territorio que había controlado. Pero no desapareció.

Vicente Guerrero mantuvo la resistencia en el sur entre 1816 y 1821, rechazando los ofrecimientos de indulto del gobierno virreinal.

La UNAM documenta que habitantes de Tierra Caliente se convirtieron en un soporte fundamental de la insurgencia durante esos años. La resistencia de esos pobladores respaldó primero a Morelos y posteriormente a Guerrero, dificultando los intentos virreinales por pacificar definitivamente la región.

Pero “el pueblo” tampoco fue un solo bloque

No todos los indígenas, campesinos o sectores populares apoyaron a los insurgentes. La guerra dividió comunidades, regiones y familias; existieron fuerzas populares del lado realista y las motivaciones cambiaron según el lugar y el momento.

Tampoco la consumación de 1821 fue exclusivamente una victoria militar insurgente. Después de once años de guerra, antiguos insurgentes, realistas, pueblos, villas y élites políticas terminaron confluyendo alrededor del Plan de Iguala y del Ejército Trigarante. El INEHRM señala que la independencia finalmente se consumó mediante una negociación que, además, no eliminó todas las estructuras sociales heredadas de la colonia.

Los héroes tienen nombre; el ejército tenía miles de rostros

Durante décadas la historia nacional privilegió a grandes dirigentes porque sus decisiones políticas y militares fueron determinantes. Pero detrás de ellos hubo personas cuyos nombres jamás llegaron a una estatua.

Campesinos abandonaron parcelas. Mineros cambiaron herramientas por armas. Arrieros transportaron mensajes y suministros. Pueblos enteros alimentaron combatientes. Mujeres actuaron como correos, espías, financiadoras y soldados. Comunidades indígenas y afrodescendientes engrosaron las tropas.

El 16 de septiembre suele recordarnos al cura que hizo sonar una campana. La historia completa obliga a mirar también hacia quienes respondieron al llamado.

La Independencia tuvo caudillos, pero tuvo sobre todo miles de personas dispuestas a sostener durante once años una guerra que terminó cambiando el destino del territorio.

Por eso, cuando México celebra su Independencia, también recuerda —aunque muchas veces sin nombrarlos— a los indígenas, campesinos, trabajadores, afrodescendientes, mujeres y hombres comunes que transformaron una conspiración en una revolución.

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